Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de un 1% de las personas en el mundo tiene Trastorno del Espectro Autista (TEA). Esta prevalencia, no obstante, varía considerablemente entre diferentes estudios y países. En España, se calcula que existen más de 450.000 personas con autismo, una condición de origen neurobiológico que afecta a la configuración del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral.

Interacción social y flexibilidad de comportamiento

Las personas con TEA se caracterizan por tener dificultades en la interacción social y la comunicación y presentar problemas para responder de manera flexible a las demandas de los diferentes contextos sociales. Aunque estos síntomas pueden detectarse en la primera infancia, en muchas ocasiones su diagnóstico es tardío.

Las personas con autismo comparten características comunes, pero cada una es distinta a las demás y manifiesta diferentes capacidades, intereses y necesidades. Algunas pueden vivir de manera independiente, pero otras, con discapacidades más severas, necesitan una constante atención y apoyo.

Trastornos generalizados del desarrollo

La clasificación del autismo ha variado a lo largo de los años. En 1994, el DSM, bajo la denominación de «trastornos generalizados del desarrollo», establecía cinco subtipos: el trastorno autista, el síndrome de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil, el trastorno generalizado del desarrollo no especificado y el síndrome de Rett.

Adiós al síndrome de Asperger

Sin embargo, en 2013 el DSM establece una categoría general, «trastornos del espectro autista» (TEA), incluidos, a su vez, dentro de los llamados «trastornos del neurodesarrollo». Con la nueva clasificación, el síndrome de Rett deja de formar parte de esta categoría y, en cambio, el síndrome de Asperger desaparece como tal y entra dentro de los TEA.

De los subtipos a los grados

En lugar de hacer distinción entre diferentes subtipos, el DSM-5 establece tres niveles de gravedad, según el nivel de apoyo necesario, basados en dos categorías de síntomas: deficiencias en la comunicación social y comportamientos restringidos y repetitivos.

Grado 1: necesita ayuda

En un grado 1, las deficiencias en la comunicación social causan problemas importantes, sin ayuda in situ. La persona tiene dificultad para iniciar interacciones sociales y su inflexibilidad de comportamiento interfiere con su funcionamiento en algún contexto. En este nivel se encontrarían las personas con el antiguo síndrome de Asperger.

Grado 2: necesita ayuda notable

Aquí se sitúan las personas con deficiencias notables en la comunicación social verbal y no verbal y problemas sociales aparentes, incluso con ayuda in situ. Asimismo, la inflexibilidad de comportamiento aparece con frecuencia e interfiere con el funcionamiento en diversos contextos. También pueden tener ansiedad y/o dificultad para cambiar el foco de acción.

Grado 3: necesita ayuda muy notable

Es el nivel más grave de afectación. Las deficiencias graves en la comunicación social causan alteraciones graves del funcionamiento y la inflexibilidad de comportamiento y extrema dificultad para hacer frente a los cambios interfieren de forma importante en todos los ámbitos. Además, presentan ansiedad intensa y dificultad para cambiar el foco de acción.

¿Qué diferencia al síndrome de Asperger del autismo?

Aunque ambos síndromes son considerados un TEA, las personas con el antiguo síndrome de Asperger -Grado 1- no tienen un retraso o ausencia en el lenguaje y presentan una capacidad cognitiva dentro de la normalidad, mientras que las personas con autismo -Grado 2 o 3- tienen una capacidad cognitiva por debajo de la normalidad, en algunos casos, incluso una discapacidad intelectual.

¿Por qué se cambia la clasificación?

Los cambios incluidos en el nuevo modelo de clasificación se producen tras más de una década de investigación de más de 500 profesionales, que justifican la actualización de criterios en que la distinción entre los antiguos subtipos puede cambiar al cabo del tiempo y variar en función del entorno donde se realice el diagnóstico.

Críticas al nuevo modelo

Existe preocupación porque el nuevo modelo de clasificación pueda excluir a algunas personas del diagnóstico de autismo y, en consecuencia, dejarlas sin acceso a los servicios que necesitan. Además, hay quien denuncia que, incluir el síndrome de Asperger en la categoría de TEA sin distinguirlo, como sucedía antes, puede perjudicar a estas personas, que perderían su identidad.

Más allá de un grado

Debido a que los grados del TEA pueden resultar poco precisos, en la práctica clínica los profesionales muchas veces no detallan en el diagnóstico el nivel de autismo. Más allá del grado, lo más importante en un diagnóstico es definir muy bien las dificultades y características de la persona y conocer y entenderla bien para así darle los apoyos que necesite.

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